lunes, 3 de noviembre de 2014

Nació una diva.

Os conté hace unos días mi experiencia fatal de rechazo. Bien, pues hoy os vengo a decir que a pesar de seguir sintiéndome algo triste y a pesar de pensar que en serio hice algo mal -vale, obviemos el detalle de mi directo y contundente abordaje- he llegado a esa fase en la que estoy enfadada y me siento una diva que no necesita la aprobación de la gente.
De hecho, el perfil de personalidad que mi profesora nos ha dicho que hagamos dice que tengo un bajo grado de extraversión, osea, que no necesito a los demás para sentirme bien. Bueno, no sé si eso es exactamente, pero tampoco ando con el tiempo suficiente para buscarlo, así que simplemente me creeréis como buena estudiante de psicología que soy. Vale, no tan buena porque no sé que significa algo que nuestra profesora nos ha explicado unos minutos atrás.
Como os iba contando, estoy enfadada. Simplemente con verle en la biblioteca y observar que NO me mira, A MÍ, menuda desfachatez, me entran unos nervios que recorren cada parte de mi delgado y pequeño cuerpo y que me gritan que vaya a su mesa y le diga -de forma directa y contundente, otra vez- por qué diablos no me habló o por qué mierdas ni siquiera me sonrió al verme.
No sé, aunque fuese una simple sonrisa de ''pobre loca que no sabe que soy un latin lover''.
MALDITO.
En fin, simplemente quería desahogarme porque ahora me encuentro en la biblioteca escribiendo mientras espero a una amiga, bueno, en realidad ahora son las una y media de la madrugada y difícilmente puede haber una biblioteca abierta, lo que pasa es que comencé a escribir esto esta mañana a una hora decente y tampoco lo quería dejar inconcluso, como ya os dije, este blog es una puerta de escape y la voy a usar como a mí me apetezca.

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