Os conté hace unos días mi experiencia fatal de rechazo. Bien,
pues hoy os vengo a decir que a pesar de seguir sintiéndome algo
triste y a pesar de pensar que en serio hice algo mal -vale, obviemos
el detalle de mi directo y contundente abordaje- he llegado a esa
fase en la que estoy enfadada y me siento una diva que no necesita la
aprobación de la gente.
De hecho, el perfil de personalidad que mi profesora nos ha dicho
que hagamos dice que tengo un bajo grado de extraversión, osea, que
no necesito a los demás para sentirme bien. Bueno, no sé si eso es
exactamente, pero tampoco ando con el tiempo suficiente para buscarlo,
así que simplemente me creeréis como buena estudiante de psicología
que soy. Vale, no tan buena porque no sé que significa algo que nuestra profesora nos ha explicado unos minutos atrás.
Como os iba contando, estoy enfadada. Simplemente con verle en la
biblioteca y observar que NO me mira, A MÍ, menuda desfachatez, me
entran unos nervios que recorren cada parte de mi delgado y pequeño
cuerpo y que me gritan que vaya a su mesa y le diga -de forma directa
y contundente, otra vez- por qué diablos no me habló o por qué mierdas ni
siquiera me sonrió al verme.
No sé, aunque fuese una simple sonrisa de ''pobre loca que no
sabe que soy un latin lover''.
MALDITO.
En fin, simplemente quería desahogarme porque ahora me encuentro en la biblioteca escribiendo mientras espero a una amiga, bueno, en realidad ahora son las una y media de la madrugada y difícilmente puede haber una biblioteca abierta, lo que pasa es que comencé a escribir esto esta mañana a una hora decente y tampoco lo quería dejar inconcluso, como ya os dije, este blog es una puerta de escape y la voy a usar como a mí me apetezca.
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