Aquí estoy de nuevo para contarles algo, lo sé, me estaban echando de menos.
En la entrada anterior les hablé de mis flechazos y en especial les mencioné uno y les dije que más adelante les contaría sobre él. Bueno, al parecer no he podido esperar mucho para hacerlo puesto que ahora mismo estoy escribiendo me encuentro teclado en mano, bueno, mano en teclado.
Pero para empezar primero tengo que situaros un poco, principalmente porque si escribo las cosas tal cual son, que es lo que voy a hacer, voy a parecer una acosadora, que no lo soy. Ps, por favor.
Así que allá vamos, les voy a contar una breve historia sobre mi vida romántica.
Desde chica siempre he estado enganchada a las series, libros, películas, historias cortas, cualquier cosa en la que pudiese leer sobre amor. Que bien es cierto que esto no era lo único que me llamaba la atención, vale, pero era una chica enamorada empedernida. En fin, no adelantemos hechos.
Fue así como crecí con la fantasía de que el amor era increíble, que te hacía especial y que ser especial para una persona podía ser lo más grandioso que te pasase. Pensé que encontraría a mi alma gemela y haríamos todas esas cosas que hacía las almas gemelas. Irónico porque mis padres están divorciados y se odian, tal vez por eso me apoyaba en las historias románticas idílicas que veía y escuchaba. Irónico porque mi madre me prohibió, literalmente, tener pareja hasta que ella lo decida, y esta es una de las razones por las que mis relaciones han acabado tan...así. Aunque oye, lo prohibido y secreto le daba un toque tentador, pero que no os engañe, verse a escondidas es peor que una relación a distancia.
La cosa es que fui creciendo, y ¡vaya por Dios! tuve mi primer ''amiguito'' (así los llama mi madre, vete tú a saber por qué). En realidad, este no cuenta mucho, pues ni nos dimos un casto beso, y creo que tampoco nos cogíamos de la mano, total, este chico me dejó y al día siguiente estaba con una de mis mejores amigas. Ahora no es tan amiga, dicho queda. Lloré como una magdalena, pero al final me dio igual, de todas había más peces en el mar. Más adelante tuve otro ''amiguito'' que también me dejó, uno más que me dejó y otro (cinco meses, mi récord) que, adivinen, también me dejó. Como habéis visto, lo que se decía haber vivido una historia de amor, pues no. Todas acababan en catástrofe y nada se asemejaba al romance juvenil que yo quería. Ahora mi madre me diría que no tenía la edad, tonterías, no hay edad para el bicho del amor.
Pero aquí no acabó la cosa, después del chico con el que duré cinco meses, cabe decir que me puse los cuernos y me enteré poco después por mi ''no tan buena amiga'' (que no me lo dijo en su momento), conocí a un chico en verano. Era muy bueno, gracioso, extrovertido, agradable, pero me faltaba algo. En este caso, yo lo dejé a él y no una vez, unas cuantas, como si el pobre tuviese que pagar por las otras rupturas. Y sé que por muchas excusas que ponga, no se arregla nada, pero en realidad no lo aprecié lo que se lo merecía, y mucho peor, no me atraía físicamente (como si yo fuese una modelo) y notaba como mis ''no tan amigas'' decían que cómo podía estar con un chico así. Eso me influyó, y dotada de mi inseguridad de siempre dejé que las opiniones de los demás me guiasen y le hiciese daño repetidas veces. Me comporté como una auténtica zorra.
Pero eh, tenéis que saber que a día de hoy, ese chico es feliz con una novia con la que lleva dos años y que, irónicamente, su aniversario es el día de mi cumpleaños. Quizás, y solo quizás, es una señal de que primero tenía que llegar yo ''la zorrita rompecorazones'', para conseguir a su alma gemela. Porque al parecer, hay personas que si consiguen encontrar a su alma gemela.
Total, sigamos. Esta vez, ya que había gastado todo mi arsenal de rupturas en una sola persona, me tocaba un desamor. Y vaya que me tocó. Lo contaré brevemente puesto que la historia duró unos seis meses:
Tenía 16 años. Me enamoré de un chico. Todas mis amigas me decían que no me convenía. Era un mujeriego. Pero era especial. Le gustaban las morenas (yo era morena). Tenía un buen gusto en música. Hablábamos casi todos los días. Él estaba enamorado de una chica. Aún así seguía liándose con otras (morenas todas). Se enteró de que me gustaba. Siguió comportándose de la misma manera. Me dije a mí misma que al menos le besaría, aunque fuese una vez. Y casi lo consigo. Al parecer no soy tan rápida. Se besó con mi -ya no- mejor amiga en el cumpleaños de esta. Delante de mis narices. A pesar de que ella decía que nunca me haría eso. A pesar de que yo confié en ellos. Después de besarse me miraron y sonrieron. Mi corazón se rompió en mil pedazos. Lloré mucho. Mucho. Me hicieron mucho daño, pero los perdoné.
Actualmente me llevo muy bien con ese chico, con la otra chica no, pues la relación -obviamente- se fue enfriando por parte de las dos.
Menuda historia eh, y me he saltado algunas partes. Es como si el destino me dijese ¿no querías romance? ¡Pues toma romance! Querido Cupido, apunta mejor. Querido destino, vete a la mierda.
Pero obviamente, como adolescente hormonada que soy, mi historia no acaba aquí. Ese mismo año conocí a otro chico que me hizo olvidarme del primero. En serio, me hizo olvidarme de él y, os lo digo desde la más máxima sinceridad, a veces echo de menos hablar con él. Simplemente eso, hablar y reír como lo hacíamos. Y también pelear, porque con él me peleé varias veces, por el simple hecho de que no olvidaba a su ex y escucharlo constantemente decirme que yo le gustaba pero que todavía tenía que arreglar las cosas con ella, me hacía mucho daño. Y yo ya había tenido la dosis suficiente, así que finalmente lo dejamos, no sin antes volvernos a pelear, en fin, en esa época era muy impulsiva y si se me pasaba algo por la cabeza lo decía sin más. Muchas veces él se lo merecía por subnormal.
En verano del mismo año, conocí a un chico, y era como El Chico (pero no del que os quiero hablar). Todo el mundo hablaba de él, era un sueño erótico y romántico de la mayoría de las chicas y que, de entre todas, me eligiese a mí, fue como really?
Pero bueno, este chico lo único emocionante que hizo por mí fue mandarme un mensaje a las 03:00 a.m. diciéndome que me pedía perdón y blah blah. No me interesa.
Y, finalmente, un año después, volví a tener un novio con el que me arrepiento haber estado. El chico era imbécil, yo salí con él porque me sentía sola, estaba todo el rato pegado a mi culo. Obviamente acabamos mal y una vez me empujó por las escaleras. Gracias a Dios que tengo reflejos y no me caí. En fin, que la cosa esa tenía pocas luces, y aunque a veces me digo a mí misma que algo le tuve que ver...es que no lo encuentro.
Aquí hemos llegado al fin de mi vida amorosa. Y vosotros diréis ¿qué mierda buscaba con contárnosla? ¿por qué tenemos que conocerla antes de saber sobre El Chico? Bueno, yo os respondo. Solo quiero que veáis que a pesar de los palos que me he llevado, porque han sido muchos, sigo en busca del amor, de la historia complicada, con peleas y...lo que viene después, con insultos, con abrazos, con besos apasionados, difícilespero sinceras, una historia de amor como la de un jodido libro que cuando se la cuente a mis hijos, ellos quieran tener una igual o mejor. Y eso, chicos, es lo que veo en El Chico (el de verdad) cada vez que le miro.
Pero como esta entrada ya es muy larga, y tanta dosis de romanticismo y drama pesa al final, os contaré quién es El Chico y qué pasará con él más adelante. Porque tengo un plan amigos, un plan que se llama; ''De Caza En La Biblioteca'', y, en serio, parece mejor de lo que suena. O peor. Pero eso no lo sabré hasta que lo intente.
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